domingo, 29 de mayo de 2011

esto........ no habrás visto mis llaves ??

"Quiero una casa llena de música y de risas y una cajita en la que nunca pongamos el monedero ni las llaves. :)"

¡Vuelve a quedarte con la boca abierta!


Según la ética, "de la admiración parte el conocimiento. Si no hay admiración no hay inquietud en reflexionar sobre en qué consiste algo".

Recuerdas con qué frecuencia decías, totalmente convencido después de ver una peli o un teatrillo de esos a los que te llevaban en la escuela: ¡Quiero ser como es@! Y la cosa no quedaba ahí, no. Te emperrabas en ello y no dejabas de dar la tabarra hasta que se te olvidara. ¿Quien no se ha puesto a pegar patadas voladoras o a hacer la garza después de ver a Daniel Sam en karate kid? ¡Que levante la mano quien no ha jugado a Superman, con el baby puesto del revés y saltando desde el escalón más alto!

Yo misma me puse a estirar durante meses después de ver una peli de ballet. Incluso cerraba los ojos fuerte fuerte y cuando los abría me empezaba a comportar como si me hubiera convertido en aquél a quien admiraba... jajaja. Sin embargo, con el tiempo hemos perdido la capacidad de asombrarnos y de jugar a ser superhombres. Como mucho nos autocensuramos justo antes de soltar: “De mayor quiero ser... WTF! Pero si ya soy mayor... pues nada! A mamarla” Y reinicias tu papel mediocre en una peli independiente de bajo presupuesto que ni loco enseñarías a alguna productora.

La mayoría de las cosas que aprendemos en los primeros años de vida es por imitación. Así que, volvamos al “quiero ser”, a ponernos los tacones de mamá, a encarnar los valores del prota, a estudiar como un cabrón, a disfrazarnos de Lara Croft y a dar por saco con el látigo de Indiana Jones.

Comienza la caracterización hacia el “cuando sea grande” de tus sueños. Vuelve a ser el ridículo boquiabierto y ojiplático de cuando veías Bruce Lee.

G. K. Chesterton. Flechazos.

"Hay algo que da esplendor a cuanto existe y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina"

"No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse"

"Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera"

Proverbio indio: La gente tira piedras a los árboles con frutos.

lunes, 2 de mayo de 2011

NOVECENTO: La leyenda del pianista en el océano


[...] Es una de esas cosas que es mejor no pensarlas, porque sino puedes acabar volviéndote loco. Cuando se cae un cuadro. Cuando despiertas una mañana y ya no la amas. Cuando abres el periódico y lees que has estallado la guerra. Cuando ves un tren y piensas tengo que largarme de aquí. Cuando te miras en el espejo y te das cuenta de que eres viejo. Cuando, en mitad del océano, Novecento levantó la mirada de su plato y me dijo:
“En Nueva York, dentro de tres días, bajaré de este barco.”
Me quedé de piedra.
Zas.
[...] empecé a atosigarlo, quería comprender por qué, tenía que haber alguna razón, uno no se está treinta y dos años en un barco y luego de repente, se baja del mismo, como si nada hubiera pasado, sin decirle por qué ni siquiera a su mejor amigo, sin decirle nada.
“Tengo que ver algo allí abajo”, me dijo.
“¿Qué?” No quería decir qué, y resulta comprensible porque, cuando al final lo dijo, lo que dijo fue:
“El mar.”
“¿El mar?”
Ya ves tú. Podías pensar en cualquier cosa, pero nunca en eso. No quería creérmelo, parecía una auténtica tomadura de pelo. No quería creérmelo. Era la gilipollez del siglo.
“Hace treinta y dos años que estás viendo el mar, Novecento.”
“Desde aquí. Yo quiero verlo desde allí. No es lo mismo.”
[...].
”De acuerdo, espera a estar en el puerto, te asomas y miras todo lo que quieras. Es lo mismo.”
“No es lo mismo.”
“¿Y quién te lo ha dicho?”
Se lo había dicho uno que se llamaba Baster, Lynn Baster. Un campesino. Uno de esos que vive durante cuarenta años trabajando como un burro y lo único que ha visto es su campo, y una o dos veces, la gran ciudad, unas leguas más allá, el día de la feria. Pero lo que a él le había pasado era que la sequía se lo había quitado todo, la mujer se había fugado con un predicador de vete tú a saber qué, y a sus hijos se los habían llevado unas fiebres, a los dos. En fin, uno que nació estrellado. De manera que un día recogió sus cosas, y recorrió toda Inglaterra a pie, para ir a Londres. Pero, teniendo en cuenta que no entendía mucho de caminos, en vez de llegar a Londres acabó en un pueblecito insignificante, aunque, no obstante, si seguías por aquel camino, girabas un par de veces, y rodeabas una colina, al final, de repente, veías el mar. Nunca lo había visto, se quedó pasmado. Lo había redimido, si hay que creer en lo que decía. Decía: “Es como un grito gigantesco, que grita y grita, y lo que grita es «¡Pandilla de cabrones, la vida es algo inmenso!, ¿queréis enteraros o no? Inmenso.»”
Alessandro Baricco

La primavera a llegado a Yamaguchi y no sabes lo bien que le sienta

Desbandada de colores hacia los campos de café

-¡Hola! ¿Cómo va todo? Pronto filmas una película he oído por el Bronx! Wow! ¿Seguiras paseando tus rizadas melenas por el barrio cuando te hayas convertido en una estrella del panorama holliwoodiense? – silencio-. Me alegro por usted ;) ..mmm... El otro día pensaba que es increíble poder ir creciendo y ganandote la vida con algo que te apasiona como es el cine. Algo que aunque quisieras no podrías llamar “trabajo”.

¿Sabes? ... Te recuerdo. Ayer mientras ordenaba mi cuarto di con una cajita en la que hay una carta y un “guión” escrito a lápiz en una cuartilla cutre cuadriculada y escrita con letra de niña jaja. También recuerdo la descripción más gráfica y hermosa y que me han hecho: “Es como una bandada de pájaros de colores”.

Mientras yo prosigo mi monólogo él continúa con los labios sellados. “Al menos puede oirme”, pensé, y aprobecho para bomitarle todo lo que siempre había querido decirle. De allí no podía rehuirme.

- Seguro que andas en otros amores, a ti nunca te fue dificil eso... tampoco me importa, la verdad. Pero mientras releía ayer, era como: EeeeEn serio todo aquello fue real?¿ Me da pena que seamos sólo dos caras que se resultan familiares. Pero veo que es imposible arrancarnos una buena conversacion, y más aún un abrazo sincero. Es una pena! Ya no te veo como compañero, como amante quizá sí, pero no como ese complemento, para nada como el queso de mis macarrones, ni la mitad ni la cuarta parte, ni siquiera como la rayadura de mi naranja. Quizá seamos dos polos SUR que se repelen a más no poder.
Ahora me siento frente a él, para establecer contacto visual. Leí que era una buena herramienta persuasiva. Él, aunque tiene los ojos abiertos, parece ausente, dormido. Pero eso, antes de desalentarme, me anima a seguir.

- Y pese a todo... aún me pregunto cómo hubiera sido saciarte con todo el amor que llevo dentro. Hasta que fuera más que suficiente. Ese cariño sincero que todos necesitamos. Al menos en los días de lluvia. Hacernos el amor hasta desgastarnos, manteniendo todas las conversaciones usuales de las formas más inusuales, hacernos reversibles durante todo un día, viendo amanecer y luego ponerse el sol. En tu cama. Incluso comer espaguettis de esos que nos salieron asquerosos con los dedos. Sin salir de ella. Que fuera nuestro búnquer durante todo un día para protegernos de lo no nuclear.

- ¿Por qué? – musitó.

- ¿Por qué razón? ¿o por qué color? –él levantó una ceja y yo me autocontesté.- Por el verde. El intenso, puntiagudo y penetrante verde de las dos esferas en que me zambullo involuntariamente, más tarde que temprano. Un verde desesperante que me mantiene en la sala de espera. Escasos centímetros familiares en metro setenta u ochenta de desconocido. Una nimiedad que me aporta la certeza de una inmensidad oculta. Inmensidad que el portador duda poseer. ¡Ay que ver qué cantidad de jilipolleces pueden verse en un par de ojos eh!

Y aunque veo toda esa riqueza,me jode la impotencia de no poder extraerla porque mis manos son demasiado grandes para una entrada tan pequeña. –él ahora sólo agacha la cabeza.

Me alejo de ese verde. Ni triste ni defraudada. Pienso. Y pienso que simplemente esa cerradura no fue hecha para mis llaves. Ya sé que no puedo descifrar el misterio que envuelve ese color radiactivo y no voy a ser yo la que me empeñe en quitarle el encanto de lo inalcanzable.

- Ahí te dejo –le arrullé-. En el mismo lugar donde duermen los sueños, y las estrellas, y los duendes de orejas puntiagudas, y las hadas que mueren por no creer en ellas. Shhh... me voy despacio, descalza y de puntillas para no despertarte. Para que el sueño no deje de serlo nunca.

Mientras me alejo con sigilo, caminando de espaldas y con la vista clavada en la silueta que dejaba atrás:

-Ups, ¡lo siento! No sabía que había..... Pensaba que aquí no subía nadie más.

-No, tranquila. Yo tampoco te había visto, no estoy acostumbrado a encontrarme a nadie por aquí a estas horas.

- Ya... sí, bueno, yo ya me iba. – dije agachando la cabeza para proseguir mi camino a casa.

No había recorrido más que unos metros, sin dejar de darle vueltas a la cabeza cuando el chico con el que acababa de chocar me dijo:

-¡Perdona! ¡¡¿Cómo te llamas?!!

-shhhhh!!! ¡Lo vas a despertar! Charlotte. Me llamo Charlotte.

-¿Despertar a quién?

-A él... –susurré mientras lo buscaba en todas las direcciones- ...eee, si estaba aquí hace un momento... ¿Dónde coño...?

-Aquí no hay nadie más. Duerme conmigo –y con el mismo atrevimiento con que dijo eso, se situó a escasos centímetros de mí clavándo sus ojos color café. A mí me brotó una risa nerviosa.

-jajaj No sabes nada de mí, no me has visto en tu vida.

-Te equivocas. Te he visto antes, sé que escribes y que tocas la guitarra. Así que si no tienes nada más que alegar...

-Vale.

-¿Vale qué? –su cara de sorpresa delataba que no esperaba una rendición tan súbita.

-Sí. No eres más que una recreación mental, ¡un sueño! Me entretiene mantener conversaciones ficticias que de otro modo no me atrevería a entablar. Me desahogo y tal... así que no veo inconveniente. Sólo que por la mañana despertaré, y no estarás, y la magia del sueño se habrá perdido.

-En ese caso tendremos que encontrar la magia de la realidad. –dijo enmarcando un blanco imnótico entre sus labios.

28 DE ABRIL DE 2011. ¡Por fin nace Claudia, despues de una semana de hacerse de rogar

P.R.E.C.I.O.S.A. No hay palabras para describir todo lo q se te junta al ver a una pequeña de 3 kilos y medio, estirazándose. La cara de orgullo y la sonrisa bobalicona de mi peeeepe, su abuelo, y de mi madre fantaseando sobre todas las cosas que le van a enseñar y los ratos de juego. La guapísima madre cansada deseando que le vuelvan a traer a su hija a la habitación. Sus inexpertos tios movilizandose deseando verla...

Camarero! Una de felicidad para todos que paga mini-Claudia! Aunque en sus pequeñas manos apenas quepa una moneda de 2 euros.

¡Sin ganas de irme de golpe en tu primer día de vida!