viernes, 24 de junio de 2011

Petemos



No sientes como a veces te gustaría romper todas las barreras físicas. De repente todo el conocimiento, las ganas, los sueños, se acumulan y surcan estrepitósamente por tu cabeza, como un remolino, como un huracán. Te gustaría salir corriendo, cantar, asimilar todo cuanto tienes alrededor, asombrarte, llenarte, sin necesidad de cargar con ningún tipo de contenedor. Como una avalancha de unos y ceros digitales y luminosos en la pantalla negra de tu cerebro, de unos y ceros que buscan su sitio. Enriquecerse. Aprender de los grandes. Y hacerlo a tu manera. Que tu piel pegase un crujido y tu espíritu se elevase y se inflase de grandes cosas de valor inespaciales, sin muros de piel y huesos, ni de algodón o látex. No hablo de drogas. Donde tú eres tu mejor compañero de viaje, teniendo al mismo tiempo al alcance de unos labios a toda esa gente que amas. Que amas con la A, con la M, con la A y con la S del plural, que nunca se olvide.

jueves, 16 de junio de 2011

The Catcher in the rye


"Si quieren que les diga la verdad, me sentí tan contento que estuve a punto de gritar. No sé por qué. Sólo porque estaba tan guapa con su abrigo azul dando vueltas y vueltas sin parar.
¡Cuánto me habría gustado que la hubieran visto así!"
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"No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo."
J.D. Salinger
Fotografía realizada por Doraino

domingo, 29 de mayo de 2011

esto........ no habrás visto mis llaves ??

"Quiero una casa llena de música y de risas y una cajita en la que nunca pongamos el monedero ni las llaves. :)"

¡Vuelve a quedarte con la boca abierta!


Según la ética, "de la admiración parte el conocimiento. Si no hay admiración no hay inquietud en reflexionar sobre en qué consiste algo".

Recuerdas con qué frecuencia decías, totalmente convencido después de ver una peli o un teatrillo de esos a los que te llevaban en la escuela: ¡Quiero ser como es@! Y la cosa no quedaba ahí, no. Te emperrabas en ello y no dejabas de dar la tabarra hasta que se te olvidara. ¿Quien no se ha puesto a pegar patadas voladoras o a hacer la garza después de ver a Daniel Sam en karate kid? ¡Que levante la mano quien no ha jugado a Superman, con el baby puesto del revés y saltando desde el escalón más alto!

Yo misma me puse a estirar durante meses después de ver una peli de ballet. Incluso cerraba los ojos fuerte fuerte y cuando los abría me empezaba a comportar como si me hubiera convertido en aquél a quien admiraba... jajaja. Sin embargo, con el tiempo hemos perdido la capacidad de asombrarnos y de jugar a ser superhombres. Como mucho nos autocensuramos justo antes de soltar: “De mayor quiero ser... WTF! Pero si ya soy mayor... pues nada! A mamarla” Y reinicias tu papel mediocre en una peli independiente de bajo presupuesto que ni loco enseñarías a alguna productora.

La mayoría de las cosas que aprendemos en los primeros años de vida es por imitación. Así que, volvamos al “quiero ser”, a ponernos los tacones de mamá, a encarnar los valores del prota, a estudiar como un cabrón, a disfrazarnos de Lara Croft y a dar por saco con el látigo de Indiana Jones.

Comienza la caracterización hacia el “cuando sea grande” de tus sueños. Vuelve a ser el ridículo boquiabierto y ojiplático de cuando veías Bruce Lee.

G. K. Chesterton. Flechazos.

"Hay algo que da esplendor a cuanto existe y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina"

"No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse"

"Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera"

Proverbio indio: La gente tira piedras a los árboles con frutos.

lunes, 2 de mayo de 2011

NOVECENTO: La leyenda del pianista en el océano


[...] Es una de esas cosas que es mejor no pensarlas, porque sino puedes acabar volviéndote loco. Cuando se cae un cuadro. Cuando despiertas una mañana y ya no la amas. Cuando abres el periódico y lees que has estallado la guerra. Cuando ves un tren y piensas tengo que largarme de aquí. Cuando te miras en el espejo y te das cuenta de que eres viejo. Cuando, en mitad del océano, Novecento levantó la mirada de su plato y me dijo:
“En Nueva York, dentro de tres días, bajaré de este barco.”
Me quedé de piedra.
Zas.
[...] empecé a atosigarlo, quería comprender por qué, tenía que haber alguna razón, uno no se está treinta y dos años en un barco y luego de repente, se baja del mismo, como si nada hubiera pasado, sin decirle por qué ni siquiera a su mejor amigo, sin decirle nada.
“Tengo que ver algo allí abajo”, me dijo.
“¿Qué?” No quería decir qué, y resulta comprensible porque, cuando al final lo dijo, lo que dijo fue:
“El mar.”
“¿El mar?”
Ya ves tú. Podías pensar en cualquier cosa, pero nunca en eso. No quería creérmelo, parecía una auténtica tomadura de pelo. No quería creérmelo. Era la gilipollez del siglo.
“Hace treinta y dos años que estás viendo el mar, Novecento.”
“Desde aquí. Yo quiero verlo desde allí. No es lo mismo.”
[...].
”De acuerdo, espera a estar en el puerto, te asomas y miras todo lo que quieras. Es lo mismo.”
“No es lo mismo.”
“¿Y quién te lo ha dicho?”
Se lo había dicho uno que se llamaba Baster, Lynn Baster. Un campesino. Uno de esos que vive durante cuarenta años trabajando como un burro y lo único que ha visto es su campo, y una o dos veces, la gran ciudad, unas leguas más allá, el día de la feria. Pero lo que a él le había pasado era que la sequía se lo había quitado todo, la mujer se había fugado con un predicador de vete tú a saber qué, y a sus hijos se los habían llevado unas fiebres, a los dos. En fin, uno que nació estrellado. De manera que un día recogió sus cosas, y recorrió toda Inglaterra a pie, para ir a Londres. Pero, teniendo en cuenta que no entendía mucho de caminos, en vez de llegar a Londres acabó en un pueblecito insignificante, aunque, no obstante, si seguías por aquel camino, girabas un par de veces, y rodeabas una colina, al final, de repente, veías el mar. Nunca lo había visto, se quedó pasmado. Lo había redimido, si hay que creer en lo que decía. Decía: “Es como un grito gigantesco, que grita y grita, y lo que grita es «¡Pandilla de cabrones, la vida es algo inmenso!, ¿queréis enteraros o no? Inmenso.»”
Alessandro Baricco