-¡Hola! ¿Cómo va todo? Pronto filmas una película he oído por el Bronx! Wow! ¿Seguiras paseando tus rizadas melenas por el barrio cuando te hayas convertido en una estrella del panorama holliwoodiense? – silencio-. Me alegro por usted ;) ..mmm... El otro día pensaba que es increíble poder ir creciendo y ganandote la vida con algo que te apasiona como es el cine. Algo que aunque quisieras no podrías llamar “trabajo”.
¿Sabes? ... Te recuerdo. Ayer mientras ordenaba mi cuarto di con una cajita en la que hay una carta y un “guión” escrito a lápiz en una cuartilla cutre cuadriculada y escrita con letra de niña jaja. También recuerdo la descripción más gráfica y hermosa y que me han hecho: “Es como una bandada de pájaros de colores”.
Mientras yo prosigo mi monólogo él continúa con los labios sellados. “Al menos puede oirme”, pensé, y aprobecho para bomitarle todo lo que siempre había querido decirle. De allí no podía rehuirme.
- Seguro que andas en otros amores, a ti nunca te fue dificil eso... tampoco me importa, la verdad. Pero mientras releía ayer, era como: EeeeEn serio todo aquello fue real?¿ Me da pena que seamos sólo dos caras que se resultan familiares. Pero veo que es imposible arrancarnos una buena conversacion, y más aún un abrazo sincero. Es una pena! Ya no te veo como compañero, como amante quizá sí, pero no como ese complemento, para nada como el queso de mis macarrones, ni la mitad ni la cuarta parte, ni siquiera como la rayadura de mi naranja. Quizá seamos dos polos SUR que se repelen a más no poder.Ahora me siento frente a él, para establecer contacto visual. Leí que era una buena herramienta persuasiva. Él, aunque tiene los ojos abiertos, parece ausente, dormido. Pero eso, antes de desalentarme, me anima a seguir.
- Y pese a todo... aún me pregunto cómo hubiera sido saciarte con todo el amor que llevo dentro. Hasta que fuera más que suficiente. Ese cariño sincero que todos necesitamos. Al menos en los días de lluvia. Hacernos el amor hasta desgastarnos, manteniendo todas las conversaciones usuales de las formas más inusuales, hacernos reversibles durante todo un día, viendo amanecer y luego ponerse el sol. En tu cama. Incluso comer espaguettis de esos que nos salieron asquerosos con los dedos. Sin salir de ella. Que fuera nuestro búnquer durante todo un día para protegernos de lo no nuclear.
- ¿Por qué? – musitó.
- ¿Por qué razón? ¿o por qué color? –él levantó una ceja y yo me autocontesté.- Por el verde. El intenso, puntiagudo y penetrante verde de las dos esferas en que me zambullo involuntariamente, más tarde que temprano. Un verde desesperante que me mantiene en la sala de espera. Escasos centímetros familiares en metro setenta u ochenta de desconocido. Una nimiedad que me aporta la certeza de una inmensidad oculta. Inmensidad que el portador duda poseer. ¡Ay que ver qué cantidad de jilipolleces pueden verse en un par de ojos eh!
Y aunque veo toda esa riqueza,me jode la impotencia de no poder extraerla porque mis manos son demasiado grandes para una entrada tan pequeña. –él ahora sólo agacha la cabeza.
Me alejo de ese verde. Ni triste ni defraudada. Pienso. Y pienso que simplemente esa cerradura no fue hecha para mis llaves. Ya sé que no puedo descifrar el misterio que envuelve ese color radiactivo y no voy a ser yo la que me empeñe en quitarle el encanto de lo inalcanzable.
- Ahí te dejo –le arrullé-. En el mismo lugar donde duermen los sueños, y las estrellas, y los duendes de orejas puntiagudas, y las hadas que mueren por no creer en ellas. Shhh... me voy despacio, descalza y de puntillas para no despertarte. Para que el sueño no deje de serlo nunca.
Mientras me alejo con sigilo, caminando de espaldas y con la vista clavada en la silueta que dejaba atrás:
-Ups, ¡lo siento! No sabía que había..... Pensaba que aquí no subía nadie más.
-No, tranquila. Yo tampoco te había visto, no estoy acostumbrado a encontrarme a nadie por aquí a estas horas.
- Ya... sí, bueno, yo ya me iba. – dije agachando la cabeza para proseguir mi camino a casa.
No había recorrido más que unos metros, sin dejar de darle vueltas a la cabeza cuando el chico con el que acababa de chocar me dijo:
-¡Perdona! ¡¡¿Cómo te llamas?!!
-shhhhh!!! ¡Lo vas a despertar! Charlotte. Me llamo Charlotte.
-¿Despertar a quién?
-A él... –susurré mientras lo buscaba en todas las direcciones- ...eee, si estaba aquí hace un momento... ¿Dónde coño...?
-Aquí no hay nadie más. Duerme conmigo –y con el mismo atrevimiento con que dijo eso, se situó a escasos centímetros de mí clavándo sus ojos color café. A mí me brotó una risa nerviosa.
-jajaj No sabes nada de mí, no me has visto en tu vida.
-Te equivocas. Te he visto antes, sé que escribes y que tocas la guitarra. Así que si no tienes nada más que alegar...
-Vale.
-¿Vale qué? –su cara de sorpresa delataba que no esperaba una rendición tan súbita.
-Sí. No eres más que una recreación mental, ¡un sueño! Me entretiene mantener conversaciones ficticias que de otro modo no me atrevería a entablar. Me desahogo y tal... así que no veo inconveniente. Sólo que por la mañana despertaré, y no estarás, y la magia del sueño se habrá perdido.
-En ese caso tendremos que encontrar la magia de la realidad. –dijo enmarcando un blanco imnótico entre sus labios.
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